Espero nunca tener que ir a visitarlo allá… -¿a quien? -A usted… Por supuesto eso no va a ocurrir.
Lo que podría haber sido el cierre rutinario de una enterevista por poco se convierte para Cesar Augusto Londoño en un embarazoso cierre de la que de no haber sido por este lunar pasaría a la historia como una semana de decorosa e invicta conducción de Hoy por Hoy.
El consumado observador y jugador de golf tuvo u instante de desconcentración que dejó salir al mister Magoo que lleva adentro y en lugar de despedirse del oficial de policía que lo atendía desde la cárcel de Cómbita, se le ocurrió desearle que no fuera a quedar preso.
Caso parecido le ocurrió a Paola Ochoa, a quien su “gomela despiadada interior” se le salió para PREGUNTARLE A Clara Rojas que ¿Cómo le iba con la tecnología después de la liberación? Hasta ahí todo iba bien, solo que remató la pregunta criticándola porque su celular era una panela con antenita.
Dicen que el problema no es de quien hace la pregunta, sino de quien la responde, salvo cuando uno se gana la vida con las preguntas que hace, caso en que los periodistas son responsables de sus preguntas, que evidentemente hablan más de quien formula la pregunta que de quien la responde, así nos encontramos con el proverbial aprecio por el morbo de Julio Sánchez, el personaje cada vez más literario que periodístico en que se convierte Gossaín, o la falsa importancia que se da Victoria Eugenia Dávila con su tono impostado de voz.
Si la objetividad es una ilusión perseguida en vano por algunos teóricos del periodismo. Por fortuna nos relacionamos desde la subjetividad, eso significa que también es útil contar con el respeto, la humildad, el rigor y el humor que siempre nos salva.
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